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Escenario Nº 3: El maestro
Perspectiva desde el aula: Juro que es el niño más gracioso que he tenido nunca en clase. A veces tengo que bajar la cabeza y hacer como que toso ¡para que la clase no me vea partiéndome de risa! Es espontáneo e ingenioso, y conecta ideas a la velocidad de la luz. Se le ocurren soluciones creativas que revelan una mente súper inteligente. Pero he aquí el otro lado de este niño: interrumpe el fluir de mi clase, el aprendizaje de los otros niños y el suyo propio. Sus comentarios impulsivos, se sienta y se pone de pie constantemente, todo esto es, en fin… molesto. Pero sé que los comportamientos que veo son una cortina de humo detrás de la que se esconde este niño vulnerable.Tuve una reunión con él la semana pasada. Le comenté cuánto disfruto de tenerlo como alumno y lo alenté a que usara más de las muchas estrategias que ha aprendido de sus padres, consejeros y maestros (incluyéndome a mí). Bajó la vista, bajó la voz y dijo, “Yo sé lo que supuestamente debo hacer, pero hacerlo en el momento adecuado siempre ha sido mi mayor problema”. Después me dijo algo que me dejó completamente anonadado. “Siento mucho ser siempre un pesado” dijo. “Usted debe odiar tenerme en su clase. Yo sé que los niños se sienten así. En el autobús siempre me gritan por hablar demasiado, y me dicen que deje de hacerme el idiota. Uno de los niños dijo que su padre iba a pedirle al director Brownell que me pusiera en otra clase. Yo sé que puedo parecer gracioso en clase, pero muchas mañanas solo quiero acurrucarme y volver a meterme en la cama. Mis sueños son mucho mejores que mi vida real”.
Mi opinión sobre esto: muchos niños con TDAH son mentalmente rápidos y pueden conectar ideas o conceptos diferentes y a veces disparatados. Por eso es que muchos de estos niños son muy bromistas. Los profesionales, como los maestros, psicólogos y otros que trabajan con alumnos con TDAH, a menudo ven esta conducta como algo para llamar la atención, o el deseo del niño de estar en el centro del escenario. Si bien es cierto que algunos niños quieren llamar la atención, la rebeldía o la mala conducta con frecuencia son signos de que algo más está pasando. Es más divertido ser gracioso (aunque te metas en problemas) que estar triste, y es mejor que la gente se ría contigo que de ti. El TDAH y la depresión a menudo viven en el mismo cerebro, y los antidepresivos a veces pueden ayudar con la falta de atención.
Mi consejo: Si los niños están buscando atención, tal vez necesiten algo para elevar su estatus y auto-estima. Si este es el caso de su niño, puede sugerir que sus maestros hagan algo como lo que hizo el maestro de Jim Carrey. De acuerdo con la página web de este actor increíblemente exitoso, jimcarrey.com, su maestra le asignaba los últimos 10 minutos de la clase para que “actúe” si prometía no interrumpir durante los primeros 35 minutos con sus hazañas. Carrey dice que esta fue la mejor maestra que nunca tuvo y que lo puso en su camino al éxito.
Si la tristeza de su hijo dificulta su camino al éxito, puede consultar con un psiquiatra que tenga experiencia en el tratamiento de niños con TDADH y la depresión asociada al mismo.
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