
El Dr. Jerome Schultz, neuropsicólogo clínico, es el autor de Nowhere to Hide: Why Kids with ADHD and LD Hate School and What We Can Do About It(Sin lugar para esconderse: Por qué los niños con TDAH y discapacidad de aprendizaje odian la escuela y qué podemos hacer al respecto) y es un experto en estrés, discapacidades de aprendizaje y TDAH. En los siguientes tres escenarios lo llevará adentro de la mente de un padre, de un alumno de escuela primaria y de un maestro, que intentan sobrellevar el TDAH y los retos de estrés relacionados al trastorno. Al final de cada escenario ofrece su experta opinión sobre la situación y continúa con consejos concretos (y a menudo fuera de lo común) que padres y maestros pueden utilizar.Historias de estrés y TDAHEscenario Nº 1: Los padres (abajo)
Escenario Nº 2: El alumno
Escenario Nº 3: El maestro
Escenario Nº 1: Los padres
Desde la perspectiva de los padres:Anoche recibimos la llamada de una vecina que antes era una muy buena amiga de la familia. "Amy, no sé cómo decirte esto, pero Nate no puede regresar a nuestra casa a jugar con Shawn. Le pedí que te lo contara… ¿Te dijo que casi nos incendia la casa?" Casi se me cae el teléfono "¿Qué?? " Me escucho gritar, sintiendo cómo la madre defensiva comienza a levantarse como un escuadrón de aviones de guerra, las turbinas echando fuego y listas para atacar al enemigo, una vez más. Mi marido se acerca y suavemente pone su mano sobre mi brazo. Lo miro y suspiro, para que sepa que ha conseguido calmarme. "Sally, voy a averiguar y vuelvo a llamarte" le digo a mi próxima ex-amiga.Escenas como estas se han repetido muchas veces en los 10 años desde que nació nuestro hijo Nate. ¡Él es hiper-todo! Aquí estamos nuevamente, enfrentándonos a la tarea de hablar con nuestro hijo sobre haber hecho algo tonto y peligroso. Ya conocemos el patrón de conducta. Primero negará vehementemente que haya hecho cualquier cosa de ese tipo. ¡Cuando lo presionamos con evidencia, nos dirá que fue idea de Shawn! o que en realidad, ¡él le pidió a Shawn que no lo hiciera! A medida que la historia se desarrolla, se enterrará con alguna “prueba” que inventa para salvarse, cavándose una fosa más y más profunda. Esta es una acción que no puede ser ignorada, pero su padre y yo sabemos que un castigo no aportará ningún resultado. Le quitamos esto o aquello, protestará por un rato y pagará su culpa sin ningún arrepentimiento o sensación de haber aprendido la lección. Mi marido dice que es como la película “El día de la marmota” (Groundhog Day), sólo que en la tierra del TDAH. La misma historia se repite día tras día, con algún pequeño cambio. Empieza a causarnos daño a nosotros y a su hermanita, pero nuestra mayor preocupación es que empieza a definirlo. Una noche estábamos mirando “Americas´s Biggest Looser” (El mayor perdedor de América) y él se acercó y me susurró “Deberían hacer un show sobre mí con ese nombre”.
Mi opinión sobre esto: Se puede sentir la frustración y la tristeza en la historia de esta familia. El ciclo repetitivo de acciones negativas ha hecho estragos en este niño, en sus conexiones sociales y en su reputación. Su tendencia a meterse en estos “líos” también ha acabado con mucha de la energía de los padres, haciéndolos muy cautelosos y defensivos. También se puede escuchar el amor y comprensión que este matrimonio se tiene, ya que se acercan al defender y proteger a su hijo. Pareciera que empiezan a desmoronarse y me pregunto cuánto más de esto pueden soportar.
Mi consejo: La energía de este niño debe ser encausada de forma más segura. Inscribirlo en actividades después de la escuela (club de ciencias, clases para construir cohetes o robótica) podría interesarle y ponerlo en un medio donde adultos entrenados pueden enseñarle y reforzar los procedimientos de seguridad. Organizaciones como éstas pueden enseñarle mantras como “primero piensa, luego actúa”, lo que lleva práctica. También Cub Scouts puede satisfacer su necesidad de explorar bajo la “custodia protectora” de otros amantes de la naturaleza que aprecien el vigor y espíritu del niño. ¿Por qué no una escuela de payasos? Aquí le enseñarán cómo hacer cosas que atraigan la atención positiva de los demás, al tiempo que aprende a auto-disciplinarse.
Un enfoque de terapia psico-educativa que le enseñe sobre sí mismo, también puede ayudarlo a navegar las demandas sociales de todos los días. Los padres pueden beneficiarse con terapia, por ejemplo un grupo de apoyo para padres con TDAH.
Este niño necesita modelos de conducta positivos, por eso en lugar de que juegue con niños más pequeños que no le enseñarán mucho, u otros de la misma edad que no sabrán cómo lidiar con él ¿por qué no buscarle un Big Brother (un amigo/hermano mayor)? Quizás alguien con TDAH que pueda enseñarle lecciones de vida.
Finalmente, le preguntaría a esta familia si ha considerado el uso de medicamentos psico-estimulantes para ayudar a que este pequeño niño “hiper-todo” adquiera más auto-control y enfoque, de manera que no tenga que marchar por la vida dejando a su paso una mala reputación, culpas y remordimientos. Otros enfoques no-médicos como el yoga, el entrenamiento de plenitud mental y la biorretroalimentación ciertamente pueden ser considerados, pero las investigaciones (y mis años de experiencia clínica) sugieren que a estos enfoques les falta fuerza para ayudar a un niño con este perfil. Este niño necesita un estado mental que le permita aprender nuevas estrategias y enfocarse para usarlas.
Para más ideas consulte estos 10 recursos útiles para el TDAH.
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Escenario Nº 2: El alumno
La historia de Tiana:Cuando estaba en el jardín de infantes, 1º y 2º grado, la escuela era divertida. Había pocos niños en mi clase e íbamos de un lado al otro haciendo tonterías. A los otros niños les encantaba vernos actuar. Para finales de 2º grado, algunos de los otros niños crecieron…pero yo no. Seguí siendo la payasa de la clase y trataba constantemente de que los otros niños se rieran conmigo. Pero en cambio empezaron a “hacerme callar” y a decirme que no querían meterse en problemas.En 3er. grado la escuela se hizo más difícil, y la maestra era mucho más estricta. Cada vez que me portaba mal, teníamos estas conversaciones sobre cómo tenía que tomarme la escuela más en serio. Ella me dijo que en 3er. grado estábamos cambiando una clase de “aprender a leer” por otra de “leer para aprender”. No supe lo que significaba eso. Sólo sabía que cada vez que tomaba un libro me sentía muy tonta. Prácticamente todos los demás podían leer mejor que yo, y cuando teníamos que leer en voz alta me daba miedo que los demás niños se rieran de mí. Y ¿saben qué? A veces lo hacían. La maestra se enojaba con ellos, pero ellos no desistían, simplemente lo hacían a escondidas.
Esa fue la época en la que empecé a odiar la escuela. Lloraba todas las mañanas y le rogaba a mi mamá que me dejara quedarme en casa. Sufría dolores de estómago y de cabeza todo el tiempo y pedía que me llevaran a ver a la enfermera de la escuela. Hubiera hecho cualquier cosa por salirme de la clase o faltar a la escuela, porque todo era muy difícil para mí. Los chicos que antes pensaban que era graciosa, ahora me decían que era “rara”, o que los molestaba y comenzaron a secretear sobre mí cada vez que yo entraba en la clase o en la cafetería. Empecé a recibir ayuda extra con mis tareas escolares, pero me daba tanta vergüenza ir a la “clase especial” que me negaba o hacía algo para que me enviaran a la oficina del director. Era preferible que me castigaran a que me avergonzaran. No se lo dije a nadie, pero me sentía sola, triste y con miedo.
Mi opinión sobre esto: Si grabáramos la vida de Tiana con fotografías tomadas durante el transcurso del tiempo, veríamos a una niña graciosa y feliz transformarse en una alumna deprimida y ansiosa en el lapso de sólo tres cortos años. Los compañeros de Tiana, al no querer seguirla en el camino de sus problemas, comenzaron a ver sus hazañas como algo tonto y molesto y se distanciaron socialmente de ella. Académicamente, Tiana veía el apoyo extra que recibía, como una confirmación de su debilidad, y rechazaba los esfuerzos de sus maestros para ayudarla a encarrilarse educativamente. No se sentía competente ni segura de sí misma, por eso desarrolló síntomas físicos para salirse de la escuela. Debió sentir que no tenía dónde ir ni dónde esconderse.
Mi consejo: Si su niño está es una situación similar en este momento, pulse el botón de “parar” ahora mismo, trate de rebobinar y comience otra vez. Los maestros y los padres deben tomar medidas drásticas para ayudar a que una alumna como ésta tome el control de su vida de estudiante, de lo contrario ella continuará fracasando y buscando un escape.
Los padres pueden:
- Hablar con los maestros sobre la mejor manera de crear un entorno donde el alumno experimente el éxito más a menudo que el fracaso. Con instrucción especializada e intensiva, presentada en un medio que inspire seguridad y apoyo, esta niña puede entrar en una mejor trayectoria de aprendizaje, social y emocional. Si ella no tiene un PEI, este puede ser el momento de iniciar el proceso de evaluación.
- Hablar con la alumna sobre la naturaleza de su discapacidad de aprendizaje y TDAH, y también sobre maneras en las que ella puede superar o evitar los desafíos que vienen junto con esta condición.
- Considerar programas de verano especializados, tal vez por un par de años, para ayudarla a ponerse al día con cosas que no hizo y para “arrancar a toda velocidad” el siguiente año escolar.
Para ideas, consulte estos artículos:
- Resources to Help Build Your Child’s Self-Esteem
- Stress in Children and Adolescents: Tips for Parents
- Steering Your Child’s Behavior in a Positive Direction
- Self-Awareness and LD: Enhancing Skills for Success in Life
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Escenario Nº 3: El maestro
Perspectiva desde el aula: Juro que es el niño más gracioso que he tenido nunca en clase. A veces tengo que bajar la cabeza y hacer como que toso ¡para que la clase no me vea partiéndome de risa! Es espontáneo e ingenioso, y conecta ideas a la velocidad de la luz. Se le ocurren soluciones creativas que revelan una mente súper inteligente. Pero he aquí el otro lado de este niño: interrumpe el fluir de mi clase, el aprendizaje de los otros niños y el suyo propio. Sus comentarios impulsivos, se sienta y se pone de pie constantemente, todo esto es, en fin… molesto. Pero sé que los comportamientos que veo son una cortina de humo detrás de la que se esconde este niño vulnerable.Tuve una reunión con él la semana pasada. Le comenté cuánto disfruto de tenerlo como alumno y lo alenté a que usara más de las muchas estrategias que ha aprendido de sus padres, consejeros y maestros (incluyéndome a mí). Bajó la vista, bajó la voz y dijo, “Yo sé lo que supuestamente debo hacer, pero hacerlo en el momento adecuado siempre ha sido mi mayor problema”. Después me dijo algo que me dejó completamente anonadado. “Siento mucho ser siempre un pesado” dijo. “Usted debe odiar tenerme en su clase. Yo sé que los niños se sienten así. En el autobús siempre me gritan por hablar demasiado, y me dicen que deje de hacerme el idiota. Uno de los niños dijo que su padre iba a pedirle al director Brownell que me pusiera en otra clase. Yo sé que puedo parecer gracioso en clase, pero muchas mañanas solo quiero acurrucarme y volver a meterme en la cama. Mis sueños son mucho mejores que mi vida real”.
Mi opinión sobre esto: muchos niños con TDAH son mentalmente rápidos y pueden conectar ideas o conceptos diferentes y a veces disparatados. Por eso es que muchos de estos niños son muy bromistas. Los profesionales, como los maestros, psicólogos y otros que trabajan con alumnos con TDAH, a menudo ven esta conducta como algo para llamar la atención, o el deseo del niño de estar en el centro del escenario. Si bien es cierto que algunos niños quieren llamar la atención, la rebeldía o la mala conducta con frecuencia son signos de que algo más está pasando. Es más divertido ser gracioso (aunque te metas en problemas) que estar triste, y es mejor que la gente se ría contigo que de ti. El TDAH y la depresión a menudo viven en el mismo cerebro, y los antidepresivos a veces pueden ayudar con la falta de atención.
Mi consejo: Si los niños están buscando atención, tal vez necesiten algo para elevar su estatus y auto-estima. Si este es el caso de su niño, puede sugerir que sus maestros hagan algo como lo que hizo el maestro de Jim Carrey. De acuerdo con la página web de este actor increíblemente exitoso, jimcarrey.com, su maestra le asignaba los últimos 10 minutos de la clase para que “actúe” si prometía no interrumpir durante los primeros 35 minutos con sus hazañas. Carrey dice que esta fue la mejor maestra que nunca tuvo y que lo puso en su camino al éxito.
Si la tristeza de su hijo dificulta su camino al éxito, puede consultar con un psiquiatra que tenga experiencia en el tratamiento de niños con TDADH y la depresión asociada al mismo.
Para más información, consulte los siguientes artículos:
